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Algunas lesiones cerebrales tienen efectos extremadamente variados sobre la vista, de acuerdo con la estructura afectada y su localización. 

La sección del nervio óptico delante del quiasma hace perder la visión de un ojo, y altera la percepción del relieve. Basta con cerrar un ojo para darse cuenta. Por el contrario, detrás del quiasma incluirá los dos ojos, pero sólo una mitad del campo visual. Con claridad, se verá nada más que la mitad de nuestro entorno (en relieve). Lesiones ubicadas más arriba, en la corteza visual, tendrán efectos correspondientes en la especialización del área alcanzada. Si se trata de áreas que identifican las formas o los colores, el individuo tendrá dificultades para reconocer los objetos. Si son las áreas referidas al movimiento las que están lesionadas, no podrá seguir con los ojos un objeto en movimiento o le será difícil orientarse. También, existe un área especializada en el reconocimiento de los rostros. Una lesión puede provocar una incapacidad para reconocer las caras conocidas (prosopagnosia), aunque el resto de la visión, como la memoria, permanece a salvo; el individuo puede identificar una persona por su voz o por la vestimenta que lleva puesta. 

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¿Qué es la visión ciega?

La lesión completa de la corteza visual puede acarrear un síndrome llamado de la visión ciega. A comienzos de la década de los setenta, un paciente que sufrió una ablación de la corteza visual derecha en un hospital británico era capaz de tender la mano hacia un objeto que estaba en su campo visual izquierdo, pero ¡decía que no lo veía! Este fue el primer caso bien estudiado de la «visión ciega». Los ojos funcionan, aunque el mensaje no puede ir más lejos que la zona lastimada y no concierne, además, al córtex prefrontal donde se forma la conciencia del objeto observado. No obstante, si la inmensa mayoría de los axones de origen retiniano pasa por la corteza visual, una minoría (un 10%) lo rodea y transmite la información visual al mesencéfalo, la parte superior del tronco cerebral. Será suficiente para comprometer las respuestas motrices (dar la mano, seguir con los ojos), pero no para ver.

La ambliopía

También puede suceder, si no hay lesión cerebral, que el cerebro no procese la información que llegue de un ojo sano: es la ambliopía o pérdida de visión de un ojo funcional. Puede ocurrir cuando un ojo es más «fuerte» que el otro y el cerebro descuida o despacha informaciones insuficientes que no le permiten reconstruir una imagen en relieve coherente. Asimismo, en caso de estrabismo, si las dos imágenes se desplazan demasiado, el cerebro elimina una de ellas. Si esto sucede durante mucho tiempo, en particular durante la infancia, la pérdida de visión puede ser definitiva. Para que esto no suceda, se tapa el ojo privilegiado para obligar al cerebro a procesar las informaciones que llegan al ojo más débil.

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