Recetas para seguir aprendiendo toda la vida Recetas para seguir aprendiendo toda la vida

¿Cree que es grande para seguir estudiando? Con estas ideas, se convencerá de que nunca es tarde para aprender.

Haga un curso.

¿Siempre ha querido obtener un título, pero nunca tuvo la oportunidad de hacerlo? Tal vez, quiera aprender más sobre historia del arte, en francés o en algo que usted antes consideraba poco práctico. Si vive cerca de una universidad, solicite el horario de cursos de nivel terciario, pero también averigüe sobre la posibilidad de asistir como oyente a clases regulares universitarias. La exigencia de una clase, en la que los estudiantes tienen un interés más que pasajero, será contagiosa. También le permitirá evaluar su inteligencia en contraste con la de esos muchachos más jóvenes y quizá, descubra que su sabiduría le da cierta ventaja.

Vuelva a la escuela… desde su casa.

Si quiere experimentar la exigencia académica desde la comodidad de su cocina o su sofá, fíjese en algunos de los miles de programas disponibles de aprendizaje a distancia por Internet que ofrecen universidades reconocidas en todo el país (¡y el mundo!). Por lo general, va a interactuar con su profesor mediante mensajes de correo electrónico y en salas de chat (¡más práctica en la computadora!). Algunos programas también exigen cumplir con el requisito de pasar un fin de semana en el campus, otra experiencia que le garantizará desplegar la mente. 

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Aprenda un nuevo idioma.

¿Piensa que los niños son los únicos que pueden aprender un nuevo idioma? No precisamente. Los adultos comprendemos cómo suelen funcionar las reglas gramaticales y podemos recurrir a nuestro amplio vocabulario en busca de materia prima. Tome una clase de introducción al nuevo idioma y arranque de inmediato con una hora de esparcimiento con sus compañeros después de la clase. Complemente con videos didácticos, diseñados para ayudarlo a aprender ese idioma mediante su compromiso con la historia que le cuentan. Si, después de unos meses, descubre que le encanta, considere dar el gran salto: tome un curso de inmersión de un mes en algún país donde se hable ese idioma. Con cada palabra, ayudará al cerebro a conectarse con la experiencia del mundo real, algo que no obtendrá en un salón de clases.

Aprenda escuchando.

¿Siempre le encantó la escuela, pero no quiere ir a clase? Escuche conferencias universitarias mientras trabaja en su bordado o pesca con mosca. Hay programas que recopilan conferencias de los mejores profesores sobre temas que abarcan desde Albert Einstein hasta el budismo zen. Redescubra qué hizo de la universidad una experiencia tan embriagadora. Coloque los CD en un reproductor portátil y llévelos al jardín o escúchelos durante los viajes largos en auto. 

A veces, la mejor forma de aprender es enseñar.

Si tiene una habilidad o talento especial (facilidad para la decoración o para la carpintería), diseñe un curso para su centro comunitario o para la biblioteca pública. Cuando le enseña algo a alguien, tiene que llegar al núcleo del tema y explicar las cosas paso por paso, mientras va adaptando el mensaje según el auditorio. Este proceso aprovecha, simultáneamente, sus centros de planificación, memoria y toma de perspectiva, forzándolo a recordar el pasado, proyectarse al futuro y ponerse en el lugar de los estudiantes al mismo tiempo. Este tipo de exigencias cerebrales multicéntricas son triatlones para el cerebro. Si usted tiene experiencia en el área educativa o un título universitario, puede postularse para un trabajo como auxiliar docente en una escuela primaria. Los niños siempre nos sorprenden y son un desafío.

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